Recuerdos de infancia de un rumbero

Recuerdos de infancia de un rumbero

1968. Con menos de diez años ya habíamos formado un grupo que se llamaba ‘Los Calós’. Habíamos debutado en la fiesta de fin de curso del colegio, en un teatro inmenso. El grupo estaba formado por Rafalet, Ramón, Petitet y un servidor, Johnny Tarradellas. Rafaelet y yo teníamos diez años, Ramón ocho y Petitet siete. El Tío Huesos, padre de Petitet, nos llevaba los domingos por la mañana a actuar en La Casa Andalucía. Allí nos dábamos cita desde rumberos, a flamencos, pasando por los amantes de las sevillanas.

A nuestra edad a poco más podíamos aspirar. Hicimos nuestro primer programa de televisión en directo en el salón de la infancia, en Montjuïc. Recuerdo que, junto a nosotros, también actuó otro grupo surgido de la calle Unión de Barcelona que se llamaban ‘Los Ángeles Gitanos’, cuyo cantante grabaría años después su primer disco en solitario, ‘El Junco’.

En aquellos tiempos nuestros referentes eran Peret, Chacho y el ‘Pescaílla’, nos habíamos criado con ellos, eran muy cercanos. La rumba empezaba a crecer, empiezan a sonar con fuerza artistas como el ‘Gitano Portugués’, Dolores Vargas ‘La Terremoto’, el Príncipe Gitano, Bambino, Lola Flores o Argentina Coral. Ésta última actuaba acompañada por unos adolescentes de quince años, los hermanos José y Delfín Amaya. Acababan de formar su primer grupo, ‘Los Amaya’, formado por Juanito del Pocholo y Carpi en la percusión, Chango en los coros y las palmas, y Peret Reyes en las palmas. Ensayaban cada día en un terrado del barrio y nosotros escuchábamos tras la puerta absorbiendo todo lo que podíamos, tomando nota de su ingenio y soñando grabar nuestro primer disco.

Nosotros nos tuvimos que contentar con grabar un disco en una pequeña cabina que había cerca de Colón. Como si de un fotomatón se tratase, te metías bien apretado, cantabas y te salía un disco con la grabación. Era nuestro primer disco, lejos del glamour de los artistas que admirábamos, pero hecho con la ilusión propia de la infancia. Jugábamos a ser rumberos. Luego el tiempo se encargó del resto, y el juego pasó a ser una profesión.

De izquierda a derecha: Enriquet, Oncle Ninus, Oncle Huesos, Chacho, Carpi y Juanito del Pocholo

Por aquel entonces nos encantaba escuchar historias de la mano de Peret y ‘sus gitanos’. Supongo que a ellos les debía hacer gracia que tan jóvenes ya emprendiéramos el camino que ellos habían tomado. ‘Sus gitanos’ era un grupo de personajes que acompañaban también a otros rumberos y que son parte de nuestra historia, parte de la historia de la rumba. Eran imprescindibles. El Tío Toni, palmero y corista inseparable de Peret; el Tío Huesos, palmero y percusionista de Peret y de Chacho; el Tío Joanet, palmero de Peret; el Tío Loren, palmero, además bailaba de una manera que solo él podía hacerlo; el Tío Ninus, palmero de Chacho; el Miliu, palmero de Chacho; el ‘Regadora’, que acompañaba a Peret con la guitarra junto al Tío Tita, otro excelente guitarrista; la Selu y la Payoya, coristas de Peret, sus voces eran inconfundibles; ‘Remolino hijo’, que acompañaba a Chacho con su maestría a la guitarra.

Ellos fueron los primeros gitanos y gitanas que acompañaron con su maestría y carisma, siempre  con smoking y zapatos de charol, haciendo de la rumba catalana una rumba elegante. A ellos se les conocía y se les admiraba tanto como a los artistas que acompañaban, fueron personajes que marcaron una época.

En esos tiempos surgió de Gracia un jovencísimo gitano grabando un disco tremendamente singular. Su rumba estaba cargada de salsa, escuchándolo creías estar en la mismísima Cuba. Se hacía llamar Moncho.

La réplica desde Hostafrancs no tardó en llegar, surge otro joven al que la rumba no se le daba nada mal, El Noi.

En nuestro barrio, en la Cera, también grababa su primer disco Ramonet, un joven gitano que recogía las influencias de los rumberos del barrio.

Los Amaya también acababan de sacar su primer disco. Su sonido era único, fácilmente identificable por sus voces agudas y un ventilador único que dotaba a sus temas de un ritmo arrollador.

Los hermanos Amaya debutaron con un disco en el que versionaban la banda sonora de ‘El bueno, el feo y el malo’

‘Los Chavós’, herederos del garrotín de Lleida, arrancaban mezclando sus raíces y llevándolas a la rumba con un sonido muy personal. En sus actuaciones, recordaban siempre aquellos ritmos que escucharon en su infancia, incluso una primitiva rondeña.

La rumba era ya imparable, empezaron a florecer rumberos en todos los barrios de la ciudad, y a los que, por aquel entonces, estábamos en el parvulario de la Rumba Catalana, nos motivaron a estudiar y hacer los deberes.

La rumba dejó de circunscribirse única y exclusivamente en los barrios donde vivíamos los gitanos catalanes. Emergen también con fuerza nuevos valores para la rumba catalana como Perlita de Huelva, el Payo Juan Manuel, o Amina, entre otros. Todos ellos también son parte de una historia que conviene que no se perdiera, una historia que merece ser conocida por las nuevas y diversas generaciones rumberas, también por esos profesionales o aficionados conocidos como ‘rumbólogos’.

Este capítulo no tiene otro motivo que el recordar a toda una serie de artistas que injustamente son olvidados por el relato más comercial de la rumba catalana, pero que forman parte imprescindible e inseparable de los que vivimos por y para la rumba. Todos ellos merecen ser recordados como iconos de la rumba.

 

 

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