Luchando contra la invisibilidad de la comunidad romaní procedente del este de Europa

Luchando contra la invisibilidad de la comunidad romaní procedente del este de Europa

La comunidad gitana rumana llegó a Cataluña hace ya más de quince años, desde entonces buscan diferentes estrategias para adaptarse a la sociedad catalana, sin embargo son múltiples las trabas que la sociedad y sus instituciones les imponen para poder conseguir vivir con dignidad.

La caída de los regímenes comunistas a finales de la década de los ochenta permitió que muchas familias gitanas pudieran emigrar de estos países en los que frecuentemente los gitanos fueron y siguen siendo utilizados como cabezas de turco para explicar la crisis económica, incluso como “el otro” contra el que reafirmar la propia identidad nacional. Los países de la Europa Central fueron los primeros en acoger a los inmigrantes romaníes y, con el paso de los años y el buen momento económico de Cataluña, muchas familias romaníes decidieron trasladarse a Barcelona y su periferia a finales de los años noventa.

Cataluña ha recibido principalmente tres grandes flujos migratorios diferenciados, pero todos ellos provenientes de regiones rurales de Rumanía, aunque también podemos encontrar en Barcelona y su periferia gitanos de origen búlgaro o de las repúblicas de la antigua Yugoslavia.

El primer grupo en llegar de manera mayoritaria fueron los gitanos – o Rromà, como ellos se definen a sí mismos –  procedentes de la provincia rumana de Ialomița, y concretamente de las poblaciones de Ţăndărei, Fetești y Slobozia. Estos grupos se dedicaban principalmente a la recolección de materiales de desecho y a la mendicidad. Sin embargo, la crisis económica que afectó al sur de Europa a partir del año 2007 provocó que estas estrategias de supervivencia pierdan su eficacia e iniciasen nuevos procesos migratorios hacia países como Alemania, Inglaterra o Suecia, buscando el apoyo de familiares ya presentes en el territorio. Sin embargo, su integración en estos países no ha sido sencilla y en algunos casos han acabado volviendo a Cataluña.

Posteriormente, a partir de 2007 llegaron a Cataluña gitanos de Murgeni y Băcești, municipios rumanos pertenecientes a la provincia de Vaslui. Estas nuevas familias, al igual que las que llegaron previamente pertenecen al mismo grupo cultural, los Kanglări, nombre que proviene del antiguo oficio de estas familias, la elaboración artesanal de peines. Más tarde, en el año 2011 empezaron a llegar familias romaníes procedentes de la provincia de Buzău y pertenecientes al grupo de los Ceaunari, un grupo de gitanos que se dedicaba históricamente a la elaboración y reparación de ollas. Tanto Kanglări como Ceaunari hablan Rromanes – la lengua romaní – sin embargo, difieren en alguna palabras y en el acento, también poseen tradiciones diferenciadas, una dinámica relacional diferente con la sociedad mayoritaria y diferentes situaciones económicas en Rumanía.

Las dificultades que afrontan ambos grupos han sido y siguen siendo las mismas, Oscar López, investigador del grupo GRAFO de la Universidad Autónoma de Barcelona, apunta que el principal problema de los Rromà es “la invisibilidad ante la sociedad”, ya que aunque sean ciudadanos europeos siempre han tenido grandes trabas para conseguir empadronarse u obtener el Número de Identidad de Extranjero (NIE). Sin esa documentación básica para el estado no existes, no tienes acceso al mercado laboral, no puedes ser contratado, no tienes derecho a la tarjeta sanitaria, ni a cualquier ayuda social.

Conseguir el padrón ha sido siempre el primer escollo, y por ello la principal dificultad. Muchos de los Rromà que viven en Barcelona y en su periferia lo hacen sin un contrato de alquiler legal, en barracas y en muchos casos ocupando viviendas. Esto hace que no puedan demostrar donde viven y que algunos ayuntamientos les nieguen el padrón. “La ley dice que el padrón es un registro que tiene que hacer constar con realidad quién vive en cada municipio y dice que el ayuntamiento tiene la obligación de mantenerlo actualizado. Si una persona vive con frecuencia en un lugar, es obligación del ayuntamiento empadronarla, y la propia ley le da unos mecanismos. Si una persona no puede demostrar con un contrato de alquiler que vive en una casa, se puede hacer un informe por parte de una instancia municipal que certifique que esa persona vive allí y empadronarlo. Eso es lo que dice la ley y lo ha dicho siempre, pero hay ayuntamiento que no lo han aplicado nunca, como es el caso de Santa Coloma de Gramanet, y hay otros que sí pero es un proceso muy lento”, critica Óscar López.

“Si no existes en el padrón ya no tienes acceso a los derechos de cualquier ciudadano, y desde 2012 la situación se complica porque para conseguir el NIE debes demostrar medios económicos – tener un empleo – para quedarte aquí o tener cinco mil euros en el banco, además del padrón y tu documento de identidad nacional. Y aunque tengas padrón no te garantiza que puedas  conseguir el NIE, y sin él no puedes acceder al mercado laboral, y si no accedes al mercado laboral no puedes demostrar medios económicos. Al final es todo un pez que se muerde la cola. Incluso te piden un seguro médico privado”, apunta Óscar. Toda esta situación finalmente convierte en una misión prácticamente imposible que los gitanos procedentes del este de Europa consigan estabilizar su situación social y económica en nuestro país.

El motivo migratorio que les ha traído hasta Cataluña no ha sido otro que el de mejorar sus condiciones de vida, al igual que la mayoría de inmigrantes, y con la mirada siempre puesta en poder volver a Rumanía,  “su proceso migratorio está causado por una necesidad económica, con la motivación de conseguir recursos e invertirlos en su pueblo en una casa o un negocio y en el bienestar de su familia”, indica Óscar. Sin embargo la diferencia con otros grupos migrantes está en la precariedad del asentamiento de los Rromà, “se les ha obligado, a veces les han expulsado, a moverse de un barrio a otro, de una población a otra, y no han podido completar el proceso de llegar a un lugar y quedarse de forma estable durante unos años en el mismo sitio. Algunas familias sí, pero no en la mayoría de casos”, lamenta. Y es que sin la posibilidad de arraigo social a un barrio o a una comunidad, y sin la posibilidad de participar en el mercado laboral de manera regularizada, la adaptación de los Rromà en Cataluña se ha convertido en un asunto político y social pendiente.

La red ROMEST es una agrupación de entidades sociales y servicios municipales que trabajan con personas gitanas procedentes del este de Europa y tiene por objetivo profundizar en el conocimiento de la situación que afrontan los gitanos rumanos, compartir metodologías de trabajo y hacer visible a la sociedad esta realidad tan desconocida y prejuzgada. Francina Planas, técnica de la Asociación VINCLE y coordinadora de la red ROMEST nos cuenta que «no es fácil que familias que han sufrido una discriminación extrema en su país de origen lleguen aquí con tranquilidad y accedan a los servicios. Hay personas rumanas que culpan a los gitanos del desprestigio de su país». El imaginario social que tenemos en Cataluña de la comunidad romaní es muy negativa, «toda la discriminación que viven allí también se repite un poco aquí, no con la misma intensidad, pero se hace patente en la manera de mirarlos, de atenderlos, de tratarlos, y pensamos que eso es porque no se conoce la realidad, porque no se empatiza con su situación y por eso hay que dar la a conocer a nivel social y a nivel político», indica la Francina.

Todo este cóctel de trabas burocráticas y prejuicios ha hecho que la evolución de las familias gitanas que han llegado a Cataluña no haya sido muy positiva y que sean muy pocos los casos de un arraigo positivo en el territorio. Francina se lamenta de la situación pero enfatiza que el cambio es posible, «podemos demostrar que hay familias que luchan por tener un trabajo digno y acaban consiguiendo el alquiler de una vivienda y que los niños vayan a la escuela y compartan vida social con normalidad. Y demostrar esto tan básico es tan importante porque en Cataluña hay un estigma muy grande sobre estas personas, y por lo tanto debemos acompañar el proceso de las familias para que puedan progresar como ciudadanos de este país».

Miguel Torres, técnico de la Asociación VINCLE y gitano, nos cuenta que la sociedad ve a la comunidad Rromà como una amenaza y que no se tiene en cuenta el valor y la riqueza cultural de acoger a un pueblo diferente, «ellos vienen con un espíritu de trascendencia, llenos de valores que no se ven, que no están escritos en ningún sitio y que forman parte del histórico del pueblo gitano, y que nos hacen un pueblo. Este punto de mirar la vida de manera trascendente, con unos valores muy especiales, como la familia, la ecología, la participación – aunque no es al estilo payo – es un regalo, un regalo que debemos aprovechar». Miguel también indica que «hace falta más tiempo, porque es importante que la sociedad vea que no son un grupo de riesgo, que no son una amenaza para la sociedad catalana. También es una cuestión de responsabilidad por parte de los propios gitanos rumanos, si no puedes ser el motor de tu propia historia tampoco se puede hacer nada, y es posible hasta ahora tampoco se les ha dejado ser protagonistas de s historia».

Del mismo modo, Francina nos comenta que la situación está cambiando, que ahora hay una mejor voluntad política para hacer cambiar la situación. «Al principio, el Ayuntamiento de Barcelona tenía miedo de atender bien a los gitanos rumanos para no crear un efecto llamada. Ahora hay mucha más apertura a trabajar socialmente, como es el caso del servicio SISFA Rrom del área de Servicios Sociales o la Secretaria d’Igualtat, Migracions i Ciutadania que en los últimos años se ha mostrado muy sensible a las dificultades de este colectivo».

Por otra parte la nueva edición del Plan Integral del Pueblo Gitano de Cataluña también recogerá políticas que permitan dirigir los problemas que afrontan la comunidad Rromà. Ramón Vílchez, responsable del programa de Atención a la Comunidad Gitana, nos indica que «desde el Plan Integral no podemos considerarles invisibles, tienen una problemática de convivencia, de escolarización y de visualización. Estamos cofinanciando proyectos con diferentes entidades y con ayuntamientos como el de Badalona y Girona, y ante estas demandas y necesidades estamos en el deber de invertir en políticas que permitan solucionar sus problemas».

  • Imagen cedida por Eric Roset a la red ROMEST

Sobre el autor

Pedro Casermeiro Pedro Casermeiro
Pedro Casermeiro és llicenciat en Psicologia per la Universitat de Barcelona. És membre de la directiva de Rromane Siklǒvne i de la Fundació Privada Pere Closa. Pedro també es formador en llengua romaní i coordinador del “Museu Virtual del Poble Gitano a Catalunya”.

Leave a Reply

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies