LENGUA

El Caló

Patus te camelo, si no te terelo, me merelo o el uso cotidiano del caló.

El caló es una lengua mixta que ha ido surgiendo del contacto entre el español y el romanó a lo largo de los últimos seis siglos. El caló, en un proceso absolutamente natural y común en todas las situaciones de lenguas en contacto [1], ha tomado la estructura gramatical del español y sobre ella ha ido insertando el vocabulario romanó. Esto es, ha sufrido un proceso de reetiquetado (relabelling en la terminología inglesa) en virtud del cual mientras que la mayor parte de las categorías léxicas se han mantenido romaníes, las etiquetas de las categorías funcionales han pasado a ser españolas. Ha perdido, prácticamente, su gramática y su sistema flexional primigenios y los ha sustituido por la gramática y la flexión del español. Sí conserva un verdadero tesoro léxico. La mayor parte del léxico caló, por tanto, tiene un origen etimológico romanó, si bien contiene algunos préstamos de otras lenguas [2].

El caló es una creación colectiva de los gitanos españoles. Es decir, es un habla surgida en España. Y desde España viajó con los gitanos a la América hispana y allí siguió otros caminos.

También hay autores como Bakker que afirman que el calão de los gitanos portugueses surgió en España y desde Portugal pasó a Brasil y allí se convirtió en calon. Se sabe que en el sur de Francia hay grupos de gitanos originarios de España que también hablan caló.

En España, las variantes más conocidas o, mejor dicho, más investigadas, son el caló catalán y el caló andaluz. Es de suponer que existen otras pero aún no están documentadas.

Como afirmaba el insigne filólogo, lexicógrafo y lexicólogo Julio Casares, el caló es un verdadero lenguaje natural y podemos considerar el caló como la variante española del romanó.

Posiblemente, los gitanos españoles fuesen creando el caló de manera progresiva en virtud de su relación con el mundo gachó. Recordemos que en España, a pesar de la persecución, el grado de integración de los gitanos y de lo gitano en la sociedad y en la cultura mayoritaria es superior al resto de países no ya de nuestro entorno sino posiblemente del mundo entero. Es decir, que el caló surge de la convergencia, del encuentro entre payos y gitanos en España.

Siguiendo a Fernández Ortega (2010) podemos diferenciar entre el caló documental, aquel que se ha ido recogiendo en los diccionarios de caló y el caló actual, es decir, el caló realmente hablado y escrito en la actualidad por gitanos y gitanas en su vida cotidiana.

“Resulta difícil abordar el problema del real estado actual del caló entre los gitanos españoles, porque nos encontramos ante un momento muy avanzado de un largo proceso de desintegración, cercano ya a una total extinción” afirmaba el profesor Carlos Clavería en sus Notas sobre el gitano español en 1962. También Borrow tildaba en Los zincali (1837) al caló que encontró de “ruinas de un idioma”. Efectivamente y por desgracia, ambos autores tenían razón en sus asertos aunque no del todo ¡el caló sigue vivo! Se sigue usando en la vida cotidiana.

Los gitanos españoles actuales seguimos hablando caló ya que es reconocido por la mayor parte de los y las gitanos españoles como la lengua propia de nuestra comunidad. Pero el caló sigue siendo hoy un habla en estado de regresión, en claro peligro de extinción. Si todo lenguaje tiene como misión fundamental la comunicación, el caló hace tiempo que dejó de ser útil a este respecto. Si bien es cierto que su utilización se limita a ámbitos cada vez más reducidos (la familia, las celebraciones familiares, la interacción social con otros miembros de la propia comunidad, etc.) no es menos cierto que sigue conservando un fuerte valor de referencia identitario y emocional, es decir, sirve para identificarnos como gitanos ante otros gitanos. Y que, a partir de esa primera identificación, la relación se sitúe en el plano de la comunidad, del nosotros, de la solidaridad. Pero incluso para esta primera identificación, el caló está perdiendo relevancia. En la actualidad, basta con utilizar alguna frase en español relacionada con el culto [3] y serás admitido en la comunidad.

En las conversaciones cotidianas se sigue utilizando el caló, pero de una manera testimonial, para enfatizar algún aspecto o, por qué no, con afán críptico, para que no se enteren las personas que están alrededor.

No se editan libros ni revistas en caló. Algunas publicaciones ostentan su título en caló. Pero nada más.

Son muy escasos los cantantes gitanos que han grabado algún tema en caló. Hay incluso coritos[4] en caló, algunos muy conocidos y celebrados por los creyentes. Pero son muy pocos como para que consideremos que el caló sigue siendo una lengua de creación artística.

Dado que el flamenco es un arte creado para ser vendido a un público mayoritariamente compuesto por gachós, son muy pocas las coplas compuestas únicamente en caló. El uso de palabras en caló es un recurso estilístico para darle a la copla en sí un toque estético que la hace sonar más flamenca por sonar más gitana. La mayor parte de estas palabras en caló utilizadas en el flamenco son gitanismos, es decir, son préstamos lingüísticos procedentes del caló pero que forman parte del rico caudal del español general y, por tanto, ampliamente conocidos por el público, como es lógico.

Hay una cuestión aún no investigada suficientemente cual es la determinación del origen etimológico de los nombres de los palos flamencos. En algunos casos, el origen romanó es más que evidente: arboreá (del romanó e borǎ, para la novia), bulería (de buxlo, amplio), debla (de devla, ¡dios!), giliana (de gili, cante, canción), soleá (de sovlax, a través del caló solejar, jurar solemnemente). Y otros más discutibles como tango (de tang, estrecho) o siguiriya (de na sig gilǎ, cantes lentos).

[1] Estos son algunos de los fenómenos que se producen cuando dos o más lenguas están en contacto: relabelling (reetiquetado) léxico o fonético, transferencias, calcos, reinterpretación, reestructuración, reanálisis, relexificación, regramatización…
[2] En caló tenemos préstamos de otras lenguas tales como chabola (del vasco txabola), farra (fiesta, del portugués farra) o luganduy (estar ojo avizor, del inglés look and do it) pero también del argot español como trena (cárcel) o churumbel (niño).
[3] Entre los gitanos españoles, templo y ceremonia religiosa de las iglesias evangélicas, y, por extensión, Iglesia Evangélica de Filadelfia.
[4] Canciones religiosas, de alabanza, de las iglesias evangélicas gitanas.
Escrito por Nicolás Jiménez.

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