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País Vasco

Los gitanos vascos

Tal y como afirman diferentes fuentes históricas, cuando los primeros gitanos llegaron a la península, la situación política de Euskal Herria (País Vasco) era bastante compleja: los territorios de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa disfrutaban de una jurisdicción especial con respecto al Reino de Castilla, Navarra era un reino independiente y en la zona del norte (Iparralde) había períodos en que estaba anexionada al Reino de Castilla.

En un principio estas instituciones aplicaron las pragmáticas del Reino, si bien a partir del siglo XVI comenzaron a proclamar numerosas disposiciones y leyes contra los gitanos.

Desde el siglo XVI y hasta el siglo XIX, en las Juntas Generales o particulares celebradas en los territorios de Vizcaya, Álava o Guipúzcoa y en las actas municipales se emiten más de sesenta disposiciones y referencias dedicadas a la expulsión, el control y el castigo contra los gitanos.

En Guipúzcoa, las Juntas de Tolosa de 1577, las de Hernani del año 1578, las del Elboibar del año 1579, las de Guetaria del 1580, etc., disponen que no se admitan gitanos y que se les expulse. Las Juntas de Tolosa de 1604 no sólo ordenan una vez más el encarcelamiento y la expulsión de los gitanos, sino que también ofrecen premios de 200 reales para los que arresten aun gitano y de 50 reales por cada mujer gitana arrestada.

En el territorio de Vizcaya pasa lo mismo con las disposiciones sobre la expulsión de gitanos.

El año 1825 aparece un decreto que recurre a los migueletes para proceder a la expulsión de los gitanos. Como incentivo, se daba a los mismos migueletes las pertenencias tomadas a los gitanos.

Las Juntas de Álava, que se celebran en Vitoria a partir de 1573, comienzan a emitir órdenes y recordatorios de la expulsión de los gitanos, como la de 1626, donde se indica que no está permitido instalarse ni entrar en las ferias bajo multa de 5.000 maravedís. Posteriormente, serán recordadas en otras juntas; las de 1628, 1651, 1668, 1682, 1.686,… y llegarán al punto máximo de intolerancia en 1682, cuando se acuerda expulsarlos, encarcelarlos y embargarles en caso de que no quieran irse e, incluso matarlos, si no es posible capturarlos.

Pero toda esta normativa se tenía que ir recordando constantemente por la falta de rigor a la hora de hacerla cumplir por parte de los gobernantes y alcaldes y también porque en esa zona había muy pocos gitanos y, seguramente, su buen comportamiento no justificaba la aplicación. Este doble comportamiento de expulsión y tolerancia queda bien reflejado en la bien documentada historia de Valmaseda, donde tan pronto se daba limosna a los gitanos para que abandonaran el lugar (1517), como se les contrataba para que bailaran en las fiestas (1559). O en Lequeito, donde se les da limosna para que no se detengan (1558) o para que bailen el día del Corpus (1559).

De la Redada General de gitanos del año 1749, sólo hay dos referencias: la negativa de la Junta General de Vitoria (1749) a pagar a la Hermandad de Arceniega los cumplimientos de las órdenes de la Redada General, y el oficio del Diputado de la provincia de Álava, donde hace constar que los tres gitanos detenidos en la prisión de Vitoria forman parte de un grupo de cinco hombres, diez mujeres y seis niños, que son enviados a la Caja de Zamora por con el fin de distribuirlos, más tarde a los lugares destinados.

Durante el siglo XVIII, la política del País Vasco hacia los gitanos experimenta una variación sustancial que también continuará a lo largo del siglo XIX. Así, en las Juntas de Motrico de 1851, las órdenes de expulsión se centran en los gitanos que “no tuvieran forma honrosa de vivir para hacer frente a sus necesidades”.

Unos años más tarde, en 1855, se encarga a los migueletes la expulsión de todos aquellos que no justifiquen tener “carta abierta y domicilio fijo” en algún pueblo de la provincia. Como muy bien resume Pablo de Gorazabel [1]: “Hemos retrocedido, pues, al adoptar el principio enunciado por la Real Pragmática del año 1499 que toleraba la residencia de los gitanos en el país a condición de que se domiciliaran y se dedicaran a algún oficio”.

Martín de Anguiozar dice que “a finales del s. XIX la provincia de Guipúzcoa volvió a expulsar aquellas familias nómadas que ya habían perdido su dialecto y que hablaban perfectamente el euskera, tuvieron que dirigirse a Andalucía, pero al cabo de algunos años, sintiendo la nostalgia del norte, estas familias volvieron hablando una mezcla de vasco y caló de lo más pintoresca”. Sin duda, se refería al erromintexela.

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Familia gitana. País Vasco, principios del siglo XX. Autora: Eulalia Abaitua. Euskal Museoa. ↵

A partir de las escasas referencias que tenemos, sabemos que los oficios a que se dedicaban estos gitanos eran muy cercanos a las diferentes actividades que realizaban los autóctonos. Así vemos que aparecen canasteros, esquiladores, herreros, mercaderes de ganado (caballos, principalmente), en algunas zonas hay marineros, caldereros, compradores y vendedores por las masías, temporeros, etc. También hay muchas referencias de ellos como buenos percusionistas del tambor vasco y en su participación en las fiestas de los pueblos como músicos. Hay textos que indican que se comunicaban en euskera con los no gitanos, hecho por otra parte muy lógico, si es que querían comerciar con los caseros.

La procedencia de los gitanos del País Vasco es variada: Hay gitanos llamados vascos, la llegada de los que se rememora cada año durante el Carnaval de San Sebastián (La Candelaria) y que, por su aspecto, folclore y formas de vestir, recuerdan el grupo étnico de los Kalderash. Esta comparsa de caldereros de Hungría fue creada en 1884. Su vestuario imita el de los grupos de gitanos que recorrían la provincia arreglando útiles o haciendo bailar animales tocando rítmicamente una sartén con un martillo.

Estos primeros grupos de gitanos centraron su nomadismo en zonas fronterizas, las características geográficas y legislativas de las cuales les permitían evitar sucesivas persecuciones con relativa facilidad.

Han pasado desapercibidos durante siglos por el resto de gitanos españoles, e incluso para el resto de gitanos del mundo.

Durante su contacto con la cultura vasca realizaron un mestizaje lingüístico y cultural que, según investigaciones iniciadas por Kalé dor Kayikó [2], dio lugar a un habla diferenciada, mezcla entre el romanó y el euskera: la erromintxela. Estas familias que finalmente se asentaron en diferentes núcleos rurales, han llegado hasta nuestros días con apellidos como Echevarría, Echepare, Berrio, Vega, Valdés …, y su gente mayor aún conserva esta habla.

A principios del siglo XX llegaron familias gitanas procedentes de Castilla y de Andalucía que hoy en día, a pesar también considerarse vascas, se conocen entre ellos como los castellanos, los andaluces …

Éstas, junto con las que llegaron al País Vasco durante la época de la industrialización de los años sesenta, actualmente constituyen la mayor parte del pueblo gitano del País Vasco.

Son las familias de los Jiménez (hay diferentes familias con este apellido que se diferencian por sus apodos), los Cortés, los Borja, los Amaya, los Hernández, los Dual, los Montoya … que hasta hace poco aprovechaban las ferias de Salvatierra, Toulouse, Abadiano, Guernica, etc. para reunirse y hacer buenos tratos con los “tipos”.

Hoy en día se dedican a trabajos muy diversos: el comercio (venta ambulante, anticuarios, tiendas …), a la compraventa de chatarra, hacen de temporeros, de transportistas, hacen trabajos relacionados con la construcción (pintores, peones, carpinteros, contratistas, …), educadores, peluqueros, escritoras, pintores, …

También es variada su distribución por los diferentes territorios. Mientras que en Álava se concentran sobre todo en Vitoria, en Guipúzcoa están muy diseminados por toda la provincia; en Vizcaya se concentran en algunas zonas del gran Bilbao y se encuentran más dispersos por el resto de la provincia. En total, la población gitana del País Vasco es de unas 12.500 personas.

Todos los gitanos que viven en Euskadi, independientemente de su grupo familiar de origen, se sienten gitanos y vascos, y recuerdan con respeto a sus mayores: Tío Paulino, Tío Venancio, Tío Juan, Tío Cano, Tío Antonio … y muchos más.

– Martín de los Eros. “Historia de Valmaseda”.
– Javier María Sada. “Carnavales Donostiarras”.
– Asociación Kalé dor Kayikó, Investigación sociolingüística del erromintxela.
– Actas de las Juntas Generales de Alava.
– Actas de las Juntas Generales de Guipúzcoa.
1. Pablo de Gorazabel. “Noticias de las cosas memorables de Guipúzcoa”.
2. Kalé dor Kayikó “Asociación”, en colaboración con la Real Academia de la Lengua Vasca-Euskaltzaindia y la Universidad del País Vasco.
Aquest article és un fragment de l’original “Els gitanos bascs” del projecte “Maj Khetane”. Maj Khetane vol dir “més junts”, en llengua romaní, i és un recurs didàctic interactiu presentat en un format multimèdia i concebut per Jesús Salinas. Maj Khetane és un material de consulta que es situa en una concepció de l’educació intercultural i els materials didàctics que presenta són una petita enciclopèdia sobre el món gitano, estructurada en els següents blocs: Història, Cultura, Manual de Conversa en Romanó, Activitats, Conte, Historietes, Recursos didàctics, Recursos gràfics.
Escrito por Jesús Salinas.
Con la colaboración de Antonio Gómez Alfaro y el Movimiento Asociativo Gitano del País Vasco.

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