ARTE

La música espiritual gitana

La vinculación de los gitanos con el tiempo es musical. Como expresión artística podríamos remontarla hasta el siglo III. Algunos especialistas en la historia gitana hacen derivar el nombre Rrom/i (que es el nombre que se dan a sí mismos los gitanos en el idioma Romanó) de los Dom [1]. Esta denominación se le daba en la India a una antigua tribu de músicos errantes. Lo que es indudable es que la música forma parte del escenario vital de los gitanos desde que hay documentos históricos que se refieran a ellos. Testimonios de esto se recogen por toda Europa desde el siglo IX en los territorios del Imperio de Constantinopla [2]. Los gitanos son embajadores de la música de oriente en Europa. Han sabido conservar la raíz oriental sin renunciar a incorporar nuevas sonoridades de los autóctonos y a la vez han configurado las músicas con las que han tenido contacto. La influencia de la sonoridad gitana se deja oír en buena parte de la música balcánica, tanto culta como popular; Franz Liszt, Johannes Brahms son ejemplo de lo primero; música Malene, Czardas y Klezmer son ejemplo de lo segundo. En España, la música gitana está presente en Granados, Falla, Turina… y encuentra una de sus máximas cumbres en el flamenco.

Lejos de una visión estática y univoca de la música gitana, la sonoridad romaní continúa explorando nuevas formas expresivas; rock, pop, jazz, hip-hop, funky, mínimal o techno suenan hoy con acento caló. Una de las músicas gitanas más fructífera e ignoradas de las últimas cinco décadas es la música espiritual gitana o Alabanzas. No existe prácticamente bibliografía al respecto y sin embargo su influencia es clara en gran parte de los artistas gitanos de las últimas décadas. Se trata de un género musical ignorado, pero que ha tenido y tiene una silenciosa influencia en la música española. Mucha de la música gitana o “agitanada” de las últimas décadas no se entiende sin la música espiritual gitana. Su influencia está presente en artistas como Los Chichos, Ray Heredia, El Zíngaro, Niña Pastori, Ketama, Lole y Manuel, La Barbería del Sur, Manzanita, Parrita, Guadiana, Montse Cortés y un larguísimo etcétera. No en vano muchos de estos artistas también profesan la religión evangélica y han interpretado e interpretan alabanzas.

HermanoSisquetoLa última y mediática manifestación de esta realidad musical es David Barrull, último ganador del concurso televisivo, La Voz de Telecinco. Por más que los coach del programa se empreñaran en clasificar su sonoridad como flamenca, ignoraban que se formó musicalmente en un coro evangélico. Pertenece en la actualidad a un coro evangélico. Su modo de hacer música se ha fraguado en las iglesias gitanas no en los tablaos flamencos. No en vano la canción con la que tuvo la valentía y honestidad de ganar el popular concurso, fue con un tema que popularizó Roció Jurado pero que fue compuesto e interpretado por el Hermano Sisquetó como una alabanza gitana, Como las alas al viento [3].

El contexto en que se fragua y emerge esta música hay que situarlo en la década de los sesenta del pasado siglo. El éxodo rural que se produjo en la sociedad española también se dio entre la población gitana. La respuesta administrativa ante este hecho, fue la concentración de los gitanos en grandes barrios periféricos. La consecuencia más conocida de esta exclusión fue la creación de barrios-gueto y los problemas derivados de éstos [4]. Pero dentro de la comunidad gitana también se producían otros cambios. Este periodo histórico, como otros muchos referentes a los gitanos, está todavía por investigar. Uno de los cambios que se produjo en el tejido intragitano y que más consecuencias tuvo y tiene, fue la variación que se dio en el registro de las creencias religiosas. De católicos devotos se pasa a evangelistas fervorosos. Este tránsito está por analizar [5].

Son muchas las cuestiones que plantea este cambio de registro. Lo que es un hecho es que, en este   contexto surgió el movimiento colectivo gitano más significativo de su historia. El movimiento evangelista gitano comenzó a finales de los cincuenta del siglo XX por medio de Emiliano Jiménez Escudero, gitano e hijo de unos gitanos nómadas relojeros [6]Naturalmente es exagerado atribuir a una sola persona la creación del moviendo evangélico gitano. Pero los que empezaron no fueron más de una veintena de hombres y mujeres. Y conviene recordar que lo hicieron en un periodo histórico en que la libertad religiosa no estaba permitida. Hecho por el cual algunos pastores fueron encarcelados. Pese a las dificultades y las reticencias iniciales de las autoridades y de muchos gitanos, pronto las conversiones fueron en aumento hasta consolidarse oficialmente como Iglesia Evangélica de Filadelfia [7].

Hoy cuenta con más de 1000 iglesias en España, constituyendo el movimiento colectivo gitano más significativo. Si bien es cierto que no todos los gitanos profesan esta religión, esta denominación es la predominante entre los gitanos españoles. Una de las claves de su éxito se debe a que está creada, gestionada y dirigida por gitanos y para gitanos sin que esto signifique que el criterio étnico sea condición de admisión o rechazo. Y es dentro de sus iglesias donde se ha desarrollado una nueva manifestación de la música romaní. Es por tanto una música hecha por gitanos y para gitanos.

En este sentido Satino Spineli y Paco Suárez [8], enumeran tres ámbitos del quehacer musical gitano; el ámbito profesional, el ámbito del entretenimiento y el ámbito familiar. En el primero sitúan la labor de aquellos que han sabido ganarse con su arte el reconocimiento mayoritario (Django Reinhardt, Demetrio Karman, Janos Bihari, Camarón) En el ámbito del entretenimiento sitúan la actividad de grupos musicales semi-profesionales que actúan en pequeñas salas. En el ámbito familiar es donde los gitanos interpretan música para ellos mismos. Siguiendo esta clasificación las alabanzas hay que situarlas dentro este último ámbito, es por tanto una música hecha por gitanos y para gitanos. Salvando las distancias podría establecer una analogía entre al actual estado de la música religiosa gitana y lo que algunos flamencólogos llaman la etapa hermética del flamenco.

La génesis creativa que lleva de la siguiriya a las alabanzas hay que entenderla como una tensión trágica entre la necesidad de alejarse del flamenco y la imposibilidad de hacerlo. Por cuestiones religiosas, la música que se interpretaba en sus celebraciones debía alejarse de los dejes flamencos [9]. Esto obedece al establecimiento que traza esta congregación religiosa entre lo profano y lo sagrado. El flamenco pertenece a lo profano, “al mundo”. Esto no significa que los gitanos evangélicos renunciaran sin más del flamenco sino que en los lugares sagrados debía interpretarse una nueva música. Esta necesidad dio lugar a una tensión entre la herencia flamenca y la necesidad de encontrar nuevas formas expresivas.

Poco a poco la desmesura y excesos del flamenco se armonizaron por lo interpretes cristianos. El grito desgarrador del cantaor encuentra su destinatario. En este género musical la profundidad desesperada del quejío encuentra la verticalidad de su esperanza. Esta torsión ha dado lugar a un nuevo género musical gitano; música espiritual gitana o “Alabanzas”, que es como las denominan los miembros de la congregación. Este género musical nace del flamenco de los gitanos, es gitano pero ya no es flamenco, aunque su sonoridad lo evoca constantemente. Esto es evidente en las primeras alabanzas, donde los dejes y los modos son directamente flamencos y la interpretación es básicamente realizada por un/a solista acompañado por una guitarra[10].

Con la consolidación del movimiento evangélico también fueron formándose los coros en las iglesias y con ello las alabanzas fueron independizándose del flamenco y ganando un espacio creativo propio. A partir de los años 80 se forman los primeros coros, integrados por hombres y mujeres e incorporando una auténtica banda de acompañamiento. Guitarras, pianos, violines, flautas, baterías, bajos… acompañan a las voces de los coros. Los coros de las iglesias gitanas han sido y son la escuela donde varias generaciones de músicos se han formado y continúan formándose musicalmente.

Este género musical gitano alcanzó su madurez a finales de los 80 y principios de los 90 con la aparición de distintos grupos y cantautores/as; La hermana Tabita, El Coro de Sevilla, La hermana Loli de Canarias, El hermano Rayo, El Chango, El Sisquetó, El hermano Julio, El Bernabe, Antonio Remache, Salomón Motos, Frasquito Rodriguez… Esta efervescencia creativa normalizó un fenómeno que era excepcional; el cantautor gitano.

La música espiritual gitana se construye en torno al modo en que se articulan sus celebraciones. En la liturgia gitana distingo tres momentos: Participación, introspección   y enseñanza-aprendizaje. En los cultos gitanos esta es la secuencia habitual, pero este esquema puede sufrir variaciones, dependiendo de lo que sus miembros sienten que es la libre voluntad del Espíritu Santo. Cada uno de los tres momentos se corresponde a tres estados que se intenta concitar en la liturgia gitana: Acción-participación, introspección y enseñanza-aprendizaje [11].

Durante la parte que he llamado Participación, se busca la implicación activa de todos los miembros de la congregación. Todos cantan, todos tocan las palmas, todos rezan, todos dicen ¡aleluya! Habitualmente este momento se produce al principio y al final de los cultos, aunque puede darse el caso que este momento se prolongue de inicio a fin. El segundo momento al que he llamado, de introspección aparece cuando se da un clima donde los fieles entran en un estado de reflexión interior y de comunicación con la divinidad. Este momento es el más díscolo de los tres. Puede aparecer en cualquier momento de los cultos o no aparecer en absoluto. En cuanto al tercer momento que he llamado de enseñanza- aprendizaje, tienen lugar las enseñanzas que los pastores transmiten a los miembros de su comunidad mediante las predicaciones diarias. Y en todos estos momentos está presente la música. De este corazón surgen las alabanzas gitanas, de encontrar sonidos y modos que reproduzcan y faciliten los tres momentos citados. Sobre esta premisa establezco la siguiente clasificación dentro de las alabanzas gitanas: de júbilo, de adoración y de enseñanza.

Las alabanzas de júbilo buscan la participación de toda la comunidad a través de la música [12].Las de adoración suelen ser interpretadas por un o una solista acompañado de un coro en los estribillos[13]. La intención de estas alabanzas es contribuir a la creación de un clima de recogimiento interior. Las alabanzas de enseñanzas son aquellas que el contenido de sus letras buscan transmitir una lección moral. La interpretación de este tipo de alabanzas suele realizarse por un solo intérprete lo que ha dado lugar a toda una generación de cantautor@s [14]. A estas hay que añadir un nuevo tipo de alabanzas que están surgiendo, alabanzas para danzar. La introducción de la danza en las celebraciones es una extensión de la también incipiente dramaturgia religiosa gitana. Ambos hechos son muy recientes para poder tener una perspectiva adecuada de los mismos. No obstante era pertinente hacer notar esta nueva tipología de alabanzas para hacer constar la vitalidad de este género musical.

La vitalidad y vigorosidad de este género musical es palpable en la continua creación de producciones discográficas que se traduce en una incipiente profesionalización de un mercado interno. Aunque la calidad de estas producciones musicales es muy dispar, mucho de lo mejor del saber hacer musical gitano está ahora además de en los tablaos también en los templos, o tal vez sólo ha vuelto a ellos.

 

 

Bibliografía:
  • Cantón Delgado, Manuela: Gitanos Pentescotanles, Sevilla: Sigantura Demos 2004
  • De Vaux de Foletier F. Mil años de Historia de los Gitanos. Barcelona: Plaza y Janes, 1974
  • Jiménez Escudero, Emilio: Memorias, Barcelona: RTV amistad 2005
  • Kenrick, Donald: Los Gitanos de la India al Mediterráneo. Madrid: Interface. 1995
  • San Román Espinosa, Teresa: La diferencia inquietante, Barcelona: Siglo XXI 2001
  • Spinelli, Santino / Suárez, Paco: Los gitanos y la música. Barcelona: Rev. I Tchatchipen nº 36 Pág.40-47 -2001
Escrito por Isaac Motos.

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