ARTE

Los gitanos y la música

El arte de los sonidos en la cultura gitana

Europa, mosaico cultural, es también un mosaico musical y cada pueblo es guardián de ritmos y de estilos que han renovado a través de siglos, gracias también a influencias externas, orientales y afroamericanas. A este rico mosaico cultural europeo también los gitanos han hecho su aportación, con colores y formas distintivas que van desde la tradición popular de los Balcanes hasta el flamenco español y el jazz manouche francés.

El modo inconfundible de hacer música de los gitanos, con ritmos, formas e interpretaciones propias, ha extraído su savia de la región geográfica y de los condicionamientos históricos y sociales de los países de acogida. La riqueza de los ritmos, melodías y armonías de la música gitana ha sido utilizada por compositores como Liszt, Brahms, Schubert, Falla, Granados, Turina, Ravel, Debussy, Dvorak, pero a los gitanos no se les ha reconocido nunca totalmente su mérito.

Desvinculados desde siempre de los parámetros de vida gaché, los gitanos viven su música como expresión profunda de su existencia, como medio de comunicación de valores éticos y culturales, pero también como forma de distensión psicológica, de liberación de represiones de la sociedad sorda e inhóspita. En su obra De los gitanos y de su música en Hungría, Liszt escribe:

… su arte es un lenguaje sublime, un canto místico, pero claro para los iniciados, que se usa para expresar lo que quieren sin dejarse influenciar por nada que sea extraño a sus deseos. Han inventado su música, y la han inventado por sí mismos, para hablarse, para cantar entre ellos, para mantenerse unidos y han inventado los más conmovedores monólogos.

Para comprender la música gitana hay que vivirla a la manera gitana. Hablar de música gitana significa hablar de la cultura de los gitanos y de su evolución, que sigue las vicisitudes de un pueblo errante en el mundo, disperso y oprimido, que de un modo extraordinario ha custodiado celosamente sus rasgos esenciales en el tiempo y el espacio. Un pueblo caracterizado por su destino, por su fatalismo atroz, por un eterno vagar para aliviar el dolor de vivir, por un eterno recomenzar.

La música gitana refleja el estado de ánimo profundo de un pueblo que ha hecho del dolor y de la precariedad los emblemas del propio virtuosismo artístico, moral y psicológico, y en ella no pueden faltar rasgos elegiacos, disonantes, melancólicos, rebeldes … pero al mismo tiempo es una música viva, briosa, llena de ritmos apremiantes, llena de vida. La interpretación gitana es de tipo creativo y se caracteriza por la improvisación resultante de los conocimientos personales madurados en el curso de la vida. La riqueza rítmica, los aderezos, los melismas, los adornos, so rasgos típicos, heredados de la antigua escuela oriental y transmitidos de padres a hijos hasta nuestros días.

De la interpretación gitana mana esa fuerza íntima que tienen los gitanos y que es el secreto de su supervivencia en un mundo hostil. Estas breves imágenes trazan los rasgos principales de la práctica interpretativa gitana: la superación de cualquier rigidez rítmica y métrica (el famoso rubato) por mimetismo del fluir natural; las líneas melódicas sostenidas por un constante lirismo efusivo, debido a la experiencia del viaje y de la vida al aire libre, en pleno contacto con la naturaleza; expresión de los propios sentimientos y de las propias experiencias a través de la disposición libre y subjetiva de los más pequeños matices dinámicos, del ritmo y de los fraseos.

La sensibilidad gitana interviene en los elementos del lenguaje musical utilizándolos de una manera característica. La exigencia constante de los gitanos de “apoyarse” en elementos musicales nuevos y extraños a la propia tradición esconde la íntima necesidad de sobrevivir, de revitalizarse a través del intercambio de los elementos absorbidos del entorno.

El lenguage musical gitano

La cultura que se transmite oralmente contiene una mayor carga emocional y un mayor sabor popular, y forma parte integrante de la interioridad del pueblo que la conserva. La música en todos los pueblos del mundo, incluso en los menos civilizados, sirve para la unión, para el disfrute, para la convivencia. Al pueblo gitano, la música le ha sido útil para “sobrevivir” y para “liberarse” de las presiones externas. Exuberante, burlón, fanfarrón, sensible, pasional, exhibicionista, egocéntrico, generoso, el gitano revela siempre sus cualidades y la recóndita cultura interior cuyo significado sabe extraer en las actitudes exteriores, pero hay, sobre todo, un valor que los gitanos revelan continuamente, presente constantemente en la música y que está en la base de su filosofía de vida: la libertad. El gitano es libre como un caballo salvaje.

Para comprender mejor la música gitana hay que relacionarla con la de origen indio, y ésta última, con la occidental. En la india, la música ha mantenido su carácter ritual y mágico hasta épocas recientes, hasta tal punto que los cambios sociales y la llegada de los mass media no han alterado las condiciones de la civilización india. Los elementos temporales que regulan la estructura de la música occidental no tienen casi significado en la India, por lo que un canto puede durar más de una hora. El músico occidental está muy atento a la claridad de la forma, a la inmediatez de la expresión y a la originalidad. Al músico indio y oriental, en general, le gusta, sin embargo, improvisar; su música no tiene un desarrollo concreto y transcurre de modo repetitivo sin llegar a una conclusión. El oyente se queda extasiado con las voces de los cantantes, con el sonido de los instrumentos y con los ritmos incesantes, en una actitud de recepción pasiva y estática. Estos cánones encajan ampliamente con la música de los gitanos, y particularmente con la música tradicional del área de la Europa centro-oriental y balcánica. Si se considera, además, que los músicos gitanos son autodidactas que no conocen la escritura musical y que utilizan intervalos (cuartos de tono) inusuales en la armonía occidental, se comprende bien que la música gitana pueda parecer “extraña” e “irregular” a los expertos de música europea.

El mismo Liszt lo revela en su ensayo:

Al músico culto le sorprende tanto la rareza de los intervalos de la música gitana, que está dispuesto a considerarlos como defectos de la ejecución; del mismo modo le desorientan las modulaciones tan toscas que tanto chocan con sus sagrados dogmas musicales, hasta tal punto que, si las pudiera tomar en serio, se indignaría y se escandalizaría”. Sin embargo, subraya también que: “… un oyente con buen gusto, aunque no entendido, siente a primera vista estos elemento nuevos, que se le imponen y lo deleitan al mismo tiempo. Por poco sensible que sea al lado expresivo, disfrutará de esta música mejor que un profesor embebido de sus prejuicios científicos.

Pero, ¿cuáles son estos defectos?. Además del empleo de los cuartos de tono y de numerosas florituras ornamentales, la inexactitud consiste en la libertad de modulaciones de un tono a otro, del uso constante de pasajes enarmónicos. El músico gitano puede así comenzar su ejecución como y cuando quiere, partiendo de una línea melódica principal, y concluirla tras infinitos pasajes e interminables invenciones de contrastantes frases musicales; cada nota, cada fraseo, cada pausa, se adaptan según su gusto, a la resolución final. Incluso los ritmos son libres en su enorme riqueza expresiva. Liszt subraya aquí cómo los ritmos se substraen a cualquier regla prefijada:

… que pasan del movimiento binario al ternario según la exigencia de impresiones tumultuosas o aletargadas.

Estas melodías, o motivos principales, así como el modo de tocar, al igual que la lengua o los cantos, han sido transmitidas oralmente de generación en generación. Han sido muchos los músicos gadyè que han intentado transcribirlas en el pentagrama “limando” los elementos que les parecían “ásperos”, vaciándolos así de su contenido originario. Las melodías se basan sobre todo en dos escalas de importación oriental. La primera prevé en el modo mayor la 2ª y la 6ª bajadas un semitono: Do-Reb-Mi-Fa-Sol-Lab-Si-Do. La otra escala de modo menor presenta la cuarta y la séptima aumentadas un semitono: La-Si-Do-Re#-Mi-Fa-Sol#-La. De estas escalas, adaptadas al gusto de los gitanos, nacen motivos ora alegres, ora tristes; ritmos ora rapidísimos, ora lentos; sonoridades ora retumbantes, ora sometidas, que se siguen y se escapan dejando la impresión de una fantástica carrera en un paisaje oscilante de visiones sonoras, como las imágenes fugaces que transcurren ante los ojos desde la ventanilla de un tren en marcha.

Una vez más, el gran Liszt nos ilumina al respecto:

La sonoridad de sus instrumentos es insuperable. La nota de los violines se desprende clara y estridente; el vigor de su ejecución es increíble. Las cuerdas, febrilmente vibrantes, parecen estar a punto de romperse en cada momento, en un paroxismo de tensión sonora.

Es ésta la música gitana que ha encontrado un público de grandes amantes, atraídos tanto por las radiantes melodías como por las irregulares cadencias armónicas, por las vibrantes disonancias y por los frenéticos ritmos. El estupor de los gadyè es enorme porque, teniendo una visión negativa y estereotipada de lo gitano, parece milagroso que éste pueda llegar a tanto musicalmente. Con un estribillo o un contraste, extraídos casi siempre de la tradición musical local, los gitanos consiguen crear preciosísimas joyas musicales que embelesan a las almas más sensibles. De la imitación se pasa bien pronto a la creación, la sensibilidad gitana interviene en los aspectos dinámico, rítmicos y tímbricos, y aporta variaciones a la estructura melódica, rítmica y modal.

El modo en que esto sucede representa el estilo del artista, que a su vez está condicionado por la época, el área territorial y el género musical adoptado, y naturalmente por su talento.

Liszt nos alumbra de nuevo, ¿quién mejor que él, que escuchó a los gitanos repetidamente puede explicarnos el lenguaje musical gitano?

…las florituras son directamente un trabajo de filigrana musical, un bordado, un arabesco. Todo lo que imaginaba la fantasía de las sinuosidades y de los zigzag mediante perífrasis y paráfrasis sin fin, todo aquello fue utilizado por los gitanos para adorno de su música. Por ello, el verdadero artista es el que toma el motivo de la canción o de la danza como sumario de un discurso o como epígrafe de un poema, y que sobre esa idea madre, que él no pierde de vista, improvisa, vaga y divaga con una profusión de apoyos, de trinos, de escalas, de arpegios, de pasajes diatónicos y cromáticos, de grupos y de schcerzos. En esa rigurosa floritura de sonidos, la melodía se reduce a menudo a la ejecución del simple hilo que enlaza una guirnalda, oculto e invisible bajo las graciosas caracolas y los pétalos deslumbrantes; y la frase principal se adivina como una sultana sonriente y semioculta tras su velo, sembrado de pajas multiformes y polícromas.

La música gitana es todavía “oculta e invisible” a los que no la entienden a la manera gitana; Liszt, sin embargo, conocía muy bien el ambiente gitano y por consiguiente la profunda relación entre los gitanos y la música. En esto también fue grande.

Articulo original de la revista O Tchachipen nº 3.
Escrito por Paco Suárez y Santino Spinelli.

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