La FAGiC realiza unas jornadas formativas en materia de salud con estudiantes de enfermería

La FAGiC realiza unas jornadas formativas en materia de salud con estudiantes de enfermería

El pasado viernes, la FAGiC realizó unas jornadas de salud en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona con la finalidad de sensibilizar a los estudiantes universitarios sobre las desigualdades en salud que afectan a la comunidad gitana.

La Federación de Asociaciones Gitanas de Catalunya (FAGiC) ha organizado este año sus ya tradicionales jornadas de salud en el epicentro de la formación de los profesionales sanitarios, la Facultada de Medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona y enmarcada dentro de la asignatura Cultura, Sociedad y Salud del grado de enfermería.

La jornada formativa contó con diferentes ponencias y mesas de debate en torno a las desigualdades de salud que afectan a la comunidad gitana y diferentes experiencias profesionales, un programa con el que la FAGiC quiere “establecer puentes de diálogo con los profesionales de la salud  para ayudar a eliminar todos los estereotipos y estigmas que se perpetúan en el imaginario de la sociedad y que, finalmente acaban incidiendo en la salud de la comunidad gitana”, explicó Esther Fernández, responsable del área de salud de la FAGiC.

Desigualdades en salud

En la primera de las ponencias, Javier La Parra, doctor en Sociología y profesor de la Universidad de Alicante, mostró los resultados de un estudio comparativo de la salud de la comunidad gitana y la población general en el que se ponen de manifiesto las desigualdades existentes y su mantenimiento a lo largo del tiempo.

Los datos se han obtenido tras comparar las Encuestas Nacionales de Salud y dos encuestas específicas realizadas con población gitana en los años 2006 y 2014. En ambas encuestas se recopilaron datos sobre el estado de salud percibido por gitanos y gitanas, además de problemas concretos de salud y el acceso los servicios sanitarios.

De la última encuesta realizada en 2014 se extrae que un 65,3 % de los hombres gitanos y un 55 % de las mujeres gitanas consideran que su estado de salud es bueno o muy bueno, mientras que en la población general el porcentaje aumente a un 77,7 % y un 70,4 % respectivamente. También se observa una clara desigualdad en el resto de indicadores estudiados, presentando la población gitana mayores problemas de salud de índole crónica, problemas de vista, de oído, bucodentales, obesidad y sobrepeso.

Si comparamos las encuestas realizadas con población gitana de 2006 y 2014 no se detectan mejorías significativas, mientras sí que se detectaron mejorías en la población general, por lo que no sólo se puede afirmar que se mantienen las desigualdades en salud detectadas en 2006, sino que además han aumentado.

La Parra explicó que “las desigualdades en salud se producen más allá del sistema sanitario” y que éstas “se producen debido a otros muchos condicionantes de tipo social, económico, laboral o político”. Es lo que la Organización Mundial de la Salud denomina como “marco de determinantes sociales de la salud”, los cuales explican que las carencias en el ámbito de vivienda, recursos económicos o educación, entre otros aspectos, inciden en el bienestar y la calidad de vida de las personas. Las personas o grupos poblacionales que sufren procesos de exclusión social pueden ver limitado su acceso a los servicios sanitarios. Otros factores como el género, la edad, la clase social, la etnia o la zona donde se reside también pueden ser factores de riesgo y promotores de desigualdad en salud.

La discriminación, fuente de desigualdad

Dentro del marco de los determinantes sociales de la salud se explica por qué grupos minoritarios sufren con mayor frecuencia desigualdades dentro de este ámbito, desigualdades que no sólo se deben a toda una seria de factores socio-económicos, sino que además se explican desde la discriminación que el grupo puede experimentar en el acceso y uso de los servicios sanitarios.

La discriminación que históricamente ha sufrido el pueblo gitano a lo largo de la historia ha conducido a un proceso de exclusión social que se manifiesta en todos los ámbitos de la vida y que incide finalmente en el estado de salud de gitanos y gitanas. Las dificultades para encontrar un trabajo, para conseguir los recursos económicos necesarios para cubrir las necesidades básicas de una familia, para acceder a una vivienda digna, para que los más pequeños puedan crecer y educarse en un contexto adecuado, acaban por incidir en la calidad de vida y el deterioro la salud de las personas gitanas.

María Eugenia González Angulo, trabajadora social de la Federación Autonómica de Asociaciones Gitanas de la Comunidad Valenciana (FAGA), explicó que la exclusión del pueblo gitano empobrece la sociedad en general, ya que dejamos de contar con el potencial de todo un pueblo, “cuando cambias el enfoque, a escuchar otra realidad, a ver otras cosas que no nos cuentan, es cuando realmente podemos cambiar nuestra estructura mental para acercarnos al pueblo gitano desde sus fortalezas, desde lo que todo pueblo puede aportar como pueblo a la sociedad mayoritaria, y no al revés. En general, la sociedad mayoritaria tendemos a pensar «qué podemos hacer por los gitanos?» o  «qué tenemos que hacer?», y nos equivocamos al no darnos cuenta que los gitanos pueden hacer cosas también por nosotros, por la sociedad mayoritaria, y es muchísimo”.

María Eugenia indicó que el hecho de “no contar con la participación del pueblo gitano en la generación de las políticas de salud dirigidas a ellos mismos” es un claro ejemplo de “discriminación”.

María Félix, terapeuta ocupacional de FAGA, abogó por un enfoque de la “equidad en salud”, una orientación que persigue que todas las personas puedan disfrutar de la mejor salud independientemente de su posición social u otros condicionantes socio-económicos.

María Félix también explicó que muchos gitanos se sienten discriminados en los servicios de salud y acuden acompañados al médico o evitan quejarse por miedo a ser mal atendidos. En este sentido María Félix señaló a los estudiantes que “la línea roja está en el código deontológico. La cultura de la persona a la que se atiende no debe variar los principios básicos del código, la beneficencia y la no maleficencia. El límite está en que yo, como persona que va a ser atendida por ti, no sienta que tu código deontológico va ser variante dependiendo de cómo yo sea o me comporte”.

 

Sobre el autor

Pedro Casermeiro Pedro Casermeiro
Pedro Casermeiro és llicenciat en Psicologia per la Universitat de Barcelona. És membre de la directiva de Rromane Siklǒvne i de la Fundació Privada Pere Closa. Pedro també es formador en llengua romaní i coordinador del “Museu Virtual del Poble Gitano a Catalunya”.

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